Si nadie entiende la estrategia, no existe

Muchas veces creemos que el problema dentro de una empresa está en la ejecución. Que hace falta más supervisión, más juntas, más seguimiento o quizá una nueva herramienta para organizar tareas. Y aunque en ocasiones eso puede ayudar, la realidad es que muchas organizaciones están intentando correr un maratón sin haber definido primero hacia dónde queda la meta.

Mientras la presentación sigue proyectada en la pantalla, todo parece tener sentido. Las metas suenan claras, las prioridades parecen obvias y cada gráfico da la impresión de que existe una dirección perfectamente definida. Pero basta con terminar la junta para descubrir que cada persona salió con una versión distinta de la historia.

Y es ahí donde comienza el verdadero problema, la empresa comienza a sentirse como un grupo de personas remando con fuerza, pero en direcciones distintas.

Porque cuando un plan no es fácil de entender, cada área empieza a operar desde su propia interpretación, las prioridades cambian dependiendo de quién las explique y las decisiones dejan de seguir una misma dirección para comenzar a depender únicamente de la intuición.

De hecho, probablemente una de las formas más simples de saber si un plan realmente funciona es hacer una pregunta aparentemente sencilla: ¿las personas dentro de la empresa podrían explicarlo sin abrir una presentación?

Porque si un colaborador no puede repetirlo con claridad, difícilmente podrá usarlo como brújula para decidir, priorizar o actuar en el día a día.

Y aunque muchas empresas creen que un buen plan debe ser complejo para verse “estratégico”, normalmente ocurre lo contrario. Los mejores planes suelen ser los más fáciles de entender, no porque sean simples de construir, sino porque alguien hizo el trabajo difícil de darles claridad.

 

Basado en el artículo “Can You Say What Your Strategy Is?” de David J. Collis y Michael G. Rukstad.

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